La Vela en la Rambla: el show más grande en la historia del rock uruguayo

El 13 de diciembre, cuarenta mil personas en Punta Carretas convirtieron el festejo de los treinta años en algo que excede a la banda: fue la noche en que el rock uruguayo se miró al espejo y se gustó.

Treinta años antes, el 24 de diciembre de 1995, La Vela Puerca enchufó en la vereda del bar El Tigre sobre la calle Scosería, con una banderita de Peñarol como única escenografía y los parroquianos mirando desde las mesas de afuera. El bar proveyó la electricidad. Los amigos, el ambiente. La banda puso las ganas y la música. Nadie midió la dimensión de lo que arrancaba ahí.

Más de cuarenta mil personas en la Rambla de Punta Carretas protagonizaron el show más convocante de la historia de La Vela Puerca y, con eso, el más convocante de la historia del rock uruguayo.

Ese salto de escala —de una vereda de Pocitos a cuarenta mil personas mirando el Río de la Plata— es la historia de una banda que hizo todo paso a paso y sin paracaídas mediático: primero El Tigre, después la cancha de básquet del Defensor, después el Teatro de Verano, después el Velódromo, después el Luna Park de Buenos Aires. Cada escalón fue ganado en vivo, en el cuerpo a cuerpo con un público que los eligió de manera activa y los siguió eligiendo durante tres décadas. La gira celebratoria, que antes de Montevideo había pasado por Buenos Aires y varios países, cerró ahí, en la otra orilla del Río de la Plata. La elección de terminar en casa —y no en cualquier casa, sino en la Rambla, con el mar atrás— dice algo sobre las prioridades de una banda que siempre supo de dónde era.

La Vela Puerca - 30 años en Montevideo

Una tormenta se armaba lejos, sobre el mar. Los relámpagos destellaban. Acá, la multitud avanzando hacia otras luces: las de un escenario en Punta Carretas. Cruzaban el Parque Rodó, la Rambla, las canteras. No importaba el calor que apretaba feroz esa tarde de diciembre. El predio abrió temprano. Neamwave, Mota y Flor Sakeo calentaron el ambiente antes de que llegara la banda principal.

A las 21:30, unas visuales de focos que se prendían y apagaban siguiendo una melodía de piano precedieron la salida a escena de los nueve integrantes. Seis de ellos llevan treinta años juntos — dato que, en el rock contemporáneo, ya es en sí mismo una declaración política. Pepe Canedo contó cuatro con las baquetas. Empezó “El viejo”. El predio no esperó: las banderas ondearon, los pies se levantaron del pasto, y las gargantas entonaron una melodía que muchos de los presentes conocen de toda la vida porque literalmente se la aprendieron de toda la vida.

La Vela Puerca - 30 años en Montevideo

Lo que la noche construyó en sus más de dos horas y media fue algo más complejo que un recital de aniversario con hits. Un quién es quién del rock uruguayo, la murga y el candombe pasó por ese escenario para cantar y tocar con ellos. Garo Arakelian en “Clarobscuro”, los hermanos Peluffo en “Los reyes de los buzones” con gaita incluida, Rodra en “Tormenta”, Alejandro Balbis en “¿Ves?”, Manuel Ferreiro — que arrancó su carrera como asistente de escenario de la banda — cantando “Común cangrejo” y “Pedro”. Cada invitado traía una historia con La Vela que el público en mayor o menor medida conocía, y eso le daba a cada aparición un peso que no era el del cameo sino el del reencuentro.

El momento de mayor densidad emocional de la noche llegó cuando la tormenta que amenazaba desde lejos ya casi no importaba. Para las 23:25, el repiqueteo de los tambores se adueñó del espacio. Apareció Chabela Ramírez para cantar y bailar al ritmo del candombe junto al Enano, quien se cambió de remera a una que decía «La canción al poder». Que un show de rock uruguayo tenga una cuerda de tambores en el escenario no es folclorismo decorativo — es la demostración de que La Vela siempre entendió que el candombe no es un género aparte sino parte de la misma raíz.

La Vela Puerca - 30 años en Montevideo

Toda celebración tiene un momento en que la fiesta se detiene un segundo y deja ver algo más íntimo. El de esta noche llegó después del bis. La foto estaba sacada, los músicos habían saludado, parte del público ya empezaba a retirarse. Entonces el Enano volvió solo, se sentó con su guitarra frente al micrófono, y antes de empezar dijo algo en el sentido de que se quedaba solito frente a un montón de amigos y que eso le daba fuerzas. Empezó a sonar “José sabía”, que bien sabe que cuando todo parece jodido es cuando hay que poner, pero que también sabe tocar esas fibras que llenaron de lágrimas varios ojos en el público.

Antes de ese cierre, hubo otro momento que merece nombrarse por lo que implica: el cover de “Ama, ama, ama y ensancha el alma” de Extremoduro, dedicado explícitamente a Robe Iniesta, quien había fallecido el 10 de diciembre, apenas tres días antes del show. «Gracias, Robe. Seguí volando alto que ya nos veremos», dijo la banda antes de tocarlo. Que La Vela Puerca elija despedirse de alguien con una canción de ese alguien, en el show de sus treinta años, en lugar de guardarlo para otro momento, dice algo sobre cómo entienden la música: no como entretenimiento sino como deuda con quienes les enseñaron.

La Vela Puerca - 30 años en Montevideo

Después del show, la gente caminó de vuelta por la Rambla, por el Parque Rodó, por las canteras. Pies reventados, gargantas gastadas. Cantando. Y allá, lejos, la tormenta — que nunca llegó.

Treinta años es mucho para cualquier banda. Para una banda uruguaya que empezó en una vereda sin permiso y terminó llenando la Rambla con cuarenta mil personas, es una clase de persistencia que el rock de la región no tiene muchos ejemplos para citar. «En ese entonces, en Uruguay ningún rockero vivía de su música, eso era impensable», dijo el Cebolla alguna vez. Lo que pasó el 13 de diciembre fue la demostración de que aquello que era impensable en 1995 no solo se volvió posible, sino que se volvió extraordinario.