Hay una incomodidad que ningún comunicado de prensa va a resolver: cuando Roxette toca en 2026, una de las dos personas que creó Roxette no está. Marie Fredriksson murió en diciembre de 2019, y desde entonces Per Gessle lleva el nombre del dúo de gira con Lena Philipsson como vocalista principal. El 18 de abril ese formato llegó al Antel Arena de Montevideo, primera visita del proyecto al Uruguay, en el marco de una gira latinoamericana que incluyó Buenos Aires dos días antes y Santiago tres días después.
La decisión de retomar los escenarios la tomó Gessle en 2025, después de que el catálogo de Roxette siguiera acumulando streams y oyentes sin que nadie lo tocara en vivo. La lógica es comprensible: las canciones existen, el público existe, y alguien tiene que cantarlas. Philipsson es una figura de peso en Suecia, con carrera propia y un nombre establecido en el pop escandinavo. No es una elección menor ni improvisada. El problema no es quién es Lena Philipsson — es que Roxette sin Marie Fredriksson es Per Gessle tocando sus propias canciones con otra persona, y eso es algo distinto a Roxette, aunque se llame igual.
El setlist del Antel Arena no evitó esa tensión: la enfrentó de frente. “It Must Have Been Love” — probablemente la canción más identificada con la voz de Fredriksson, la que sonó en Pretty Woman en 1990 y que en 2026 superó los mil millones de reproducciones en Spotify, entrando al club exclusivo de canciones suecas anteriores al año 2000 que llegaron a ese número junto a ABBA — fue interpretada con dedicatoria explícita a Marie. Es un gesto honesto: no finge que nada pasó, no borra la ausencia, la nombra. Si eso alcanza para cerrar la incomodidad o si la subraya depende de cada uno que estuvo esa noche en la sala.
El resto del programa fue un recorrido amplio por cuatro décadas de canciones escritas por Gessle: “The Big L.”, “Sleeping in My Car”, “Crash! Boom! Bang!”, “Fading Like a Flower”, “Dangerous”, “How Do You Do!”, “Listen to Your Heart”. “Church of Your Heart” en versión acústica. “Joyride” precedida por las presentaciones de banda y un snippet de “El Viejo” de La Vela Puerca — el guiño rioplatense que en Montevideo tiene otro peso que en cualquier otra ciudad de la gira. El encore incluyó un momento de Philipsson y Gessle solos con “Spending My Time”, antes del cierre colectivo con “Listen to Your Heart”, “The Look “ en versión extendida y “Queen of Rain”.
Sobre el papel, es un setlist impecable. Veinte temas, ningún relleno, una proporción razonable entre los hits más conocidos y material menos obvio como “Stars” u “Opportunity Nox”. El problema de juzgar el show sin haberlo visto es que la pregunta central — ¿cómo suena ese catálogo con esta formación, en este recinto, en 2026? — no tiene respuesta en el papel.
Lo que sí tiene respuesta es el contexto de por qué esto importa en Montevideo: la gira latinoamericana de 2026 marcó el regreso de Roxette a Uruguay después de décadas de ausencia. Para una generación entera, estas canciones son parte de una memoria que no tiene demasiadas oportunidades de activarse en vivo. Que Gessle haya elegido hacer ese trabajo con honestidad — nombrando la ausencia en lugar de maquillarla — es, al menos, el enfoque correcto. Si la experiencia completa justifica el nombre que lleva en el cartel, eso ya es una conversación que cada persona que estuvo ahí tiene que terminar sola.















