Ricky Martin abrió su gira sudamericana en Montevideo bajo la lluvia: ocho mil personas que no se fueron

Con entradas agotadas y una tormenta afuera, el puertorriqueño presentó casi dos horas de hits que atraviesan tres décadas.

Montevideo fue la primera parada del tramo sudamericano de la Ricky Martin Live 2026, antes que Asunción y Buenos Aires. Que Uruguay abra ese circuito no es nuevo — Ricky Martin tiene con este país una relación que se mide en visitas sostenidas a lo largo de décadas — pero en este caso el contexto le sumó peso: el cantante boricua regresó a Montevideo tres años después de su último show. Y lo hizo con una tormenta de por medio. El espectáculo se extendió durante casi dos horas y reunió a más de ocho mil personas en el Antel Arena, que colmaron el recinto pese a las condiciones meteorológicas adversas. Que el Antel Arena se llene igual con tiempo hostil dice algo sobre el tipo de vínculo que Martin construyó con el público rioplatense — no es el fan que va si hay buenas condiciones, es el fan que va igual.

Ricky Martin en Uruguay

El setlist fue un recorrido sin rodeos por cuatro décadas de carrera. “Pégate” abrió el show como declaración de intenciones — bailar primero, todo lo demás después — y la batería que siguió fue inmediata: “María”, “Adrenalina”, “Bombón de azúcar”, “Vuelve”. Canciones que marcaron un hito en el panorama de la música latina, las que abrieron y consolidaron el camino de su internacionalización. Para una parte importante del público presente, esos temas son memoria autobiográfica — una habitación de adolescente, un casete, una radio en la cocina. Martin lo sabe y no intenta disimularlo: el show es explícitamente un recorrido por su historia, no una presentación de material nuevo.

Ricky Martin en Uruguay

El bloque de baladas fue uno de los momentos más altos de la noche. “Tal vez”, “Gracias por pensar en mí”, “A medio vivir”, “Y todo queda” y “Fuego de noche” formaron una secuencia en la que Martin cedió partes de las canciones al público y funcionó como director de ese coro accidental. Entre el público, una mujer compartía ese momento con su padre mediante videollamada, y una señora cantaba abrazada de su pequeño hijo parado sobre una silla del campo del Antel Arena. Son los detalles que definen qué tipo de artista es Martin en 2026: uno cuya música ya no le pertenece solo a él sino a las escenas que la gente construyó alrededor de ella.

Ricky Martin en Uruguay

El momento más inesperado de la noche fue uno de los más honestos. Durante “Tu recuerdo”, el cantante pidió que todo se detuviera: “Vamos a empezar otra vez. Disculpen, hay un problema técnico. Pasó en esta canción en otro show y me gustaría empezar otra vez, porque no está sonando bien.” Parar un show en vivo y recomenzar una canción sin excusas ni artificios requiere una confianza en el vínculo con el público que no todos los artistas de esa escala se permiten. Lo hizo, siguió, y la noche no perdió temperatura.

Ricky Martin en Uruguay

El tramo final recuperó el pulso de fiesta: “La mordidita”, “Por arriba”, “Vente pa’ ca” como bloque de dembow antes del cierre con “Livin’ la vida loca” y “La copa de la vida” — las dos canciones que en 1999 lo instalaron como fenómeno global y que en 2026 siguen funcionando como detonador colectivo. El show contó con iluminación de última generación, visuales inmersivos y un cuerpo de siete bailarines que acompañaron al cantante durante todo el espectáculo.

Ricky Martin en Uruguay

Lo que Ricky Martin Live 2026 no tiene es novedad discográfica que justifique la gira desde lo creativo: el artista lleva más de una década sin lanzar un álbum de estudio. El show funciona como celebración de un legado, no como presentación de un proyecto nuevo, y no intenta disimularlo. Esa honestidad tiene su propio valor. Martin no salió al escenario del Antel Arena a convencer a nadie de nada — salió a ejecutar con precisión un repertorio que el público ya decidió que le importa, bajo una tormenta que no movió a nadie de su lugar.

Ricky Martin en Uruguay