Hay una cosa que Fito Páez hace que muy pocos artistas de su escala se permiten: volver a las mismas canciones de siempre y tocarlas como si estuviera buscando algo que todavía no encontró en ellas. El Sale el Sol Tour no es una gira de aniversario ni una celebración nostálgica con el setlist de siempre en el mismo orden de siempre. Es un espectáculo concebido desde cero, con versiones inéditas de sus grandes canciones y una selección de temas pensada con precisión artesanal. La diferencia entre eso y la promesa de gira habitual es lo que se escuchó el 20 de marzo en el Movistar Arena: los mismos títulos que el público esperaba, pero con arreglos que los corren del lugar donde estaban.
El show arrancó con “El diablo de tu corazón”, que causó que apenas sonaron los primeros acordes, las más de diez mil personas se pusieran de pie. De ahí en adelante, la noche no bajó de esa temperatura. “Hazte fama” y “Lejos en Berlín” en continuado, “Tráfico por Katmandú” en su versión EADDA9322, “11 y 6”, “Lo que el viento nunca se llevó” — todos con arreglos que los resignifican sin romperlos. La puesta escénica, a cargo de Sergio Lacroix, tiene una imponente pantalla a lo ancho del escenario y el piano de Páez al frente como corazón de la escena. No hay visuales que compitan con lo que suena: lo que se ve en pantalla es lo que está pasando en el escenario. En un momento donde la producción tiende a convertirse en el show, Páez apuesta por el instrumento.
El momento más celebrado de la noche fue la aparición de Fabiana Cantilo. Cantilo se subió al escenario y se sumó a “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, y más adelante ambos interpretaron “Fue amor” solos, sin banda, solo con el piano. Entre risas, bromas y mucha química, incluso se atrevieron a bromear con el paso del tiempo, cambiando “y los pibes siempre están ahí” por “y los pibes se fueron todos”. Es una clase de complicidad que no se ensaya — o si se ensaya, no se nota — y que le da al show algo que ninguna producción puede comprar: historia real entre dos personas que se conocen desde hace décadas y que todavía se divierten juntas arriba de un escenario. Al despedirla, Páez resumió el espíritu de la noche con una frase: “¡El mundo está vivo!”
El segundo bloque fue una acumulación sin pausas: “Al lado del camino”, “Buena estrella”, “Y dale alegría a mi corazón” con coro a capella del público, “Nunca podrás sacarme mi amor”, “La rueda mágica”, “Polaroid de locura ordinaria”, “Circo Beat” con megáfono, “El amor después del amor”, “Brillante sobre el mic”, “A rodar mi vida”, “Ciudad de pobres corazones”. El encore cerró con “Dar es dar”, “Sale el sol” y “Mariposa tecknicolor”. Veintitrés canciones en más de dos horas sin que el ritmo cediera en ningún momento.
El Sale el Sol Tour tiene confirmado el 15 de mayo en el Antel Arena de Montevideo, lo que convierte al show del 20 de marzo en el antecedente directo de lo que verá la región en pocas semanas. Lo que llegará a Montevideo es un Páez que no salió a corroborar su propio mito sino a trabajarlo — que es exactamente la diferencia entre un músico en actividad y uno que vive de lo que hizo.
















