Trueno volvió al Antel Arena y el rap argentino siguió hablando uruguayo

Mateo Palacios Corazzina presentó el deluxe de El último baile ante un Antel Arena lleno. La noche duró casi hora y media y no necesitó más.

La última vez que Trueno pisó el Antel Arena fue en octubre de 2024, para presentar El último baile. Menos de un año después volvió con el mismo disco ampliado y una gira mundial en curso y una novedad que al momento del show de Montevideo ya era pública: su colaboración con Gorillaz en “The Manifesto”, incluida en el próximo álbum de la banda de Damon Albarn. Ese dato no es decorativo — es el indicador más claro de dónde está parado Trueno a los 23 años: en una dimensión donde el rap de La Boca conversa con el rock alternativo británico sin que ninguno de los dos tenga que fingir que le interesa el otro.

El show arrancó a las 21:00, con puertas desde las 19:30, y se extendió hasta las 22:35. La apertura fue con “Grandmaster” y la BZRP Freestyle Sessions Vol. 6 — dos canciones que anclan el show en los orígenes antes de que el setlist avance hacia el material más reciente. Es una decisión estructural que Trueno repite en la gira: no esconder de dónde viene sino usarlo como trampolín.

Trueno en el Antel Arena

El show fue una puesta potente, llena de energía, con luces y pantallas y llamas que amplificaban los momentos más fuertes. En el Antel Arena — un recinto que con su capacidad de 15.000 personas puede volverse frío si el artista no llena el espacio — Trueno resolvió esa ecuación con producción: la escenografía hizo trabajo donde la escala podría haber ganado distancia. Desde el comienzo el ambiente se asemejaba al de un festival. La gente saltó y acompañó las canciones a lo largo de todo el show.

Trueno en el Antel Arena

Lo que el show de Trueno no busca es que la audiencia se quede quieta a escuchar letras. Eso es una elección legítima, pero tiene consecuencias: la densidad lírica que define su trabajo de estudio — donde las referencias van de la murga a la cumbia villera, del candombe a la historia familiar — queda comprometida cuando la energía corporal del show prioriza el impacto físico sobre la escucha. No es un defecto, es un formato. Pero vale nombrarlo.

Trueno en el Antel Arena

Trueno lanzó la frase «no voy en tren, no voy en avión, voy a marcha camión», presentada en el escenario como un puente entre Argentina y Uruguay. El guiño a la murga uruguaya en el corazón de un show de rap porteño no es casual — Trueno viene construyendo esa articulación desde Atrevido, su primer disco, donde el candombe y la cumbia ya aparecían como materia prima antes de que el mainstream urbano los descubriera. Que ese verso en particular haya generado reacción en el Antel Arena dice algo sobre la audiencia montevideana: reconoce el gesto y lo devuelve.

Trueno en el Antel Arena

El EUB Deluxe World Tour agotó entradas en Copenhague, Berlín, Bruselas, Ámsterdam, París, Londres, Barcelona y Madrid, además de ciudades de Latinoamérica y fechas en Los Ángeles, Nueva York y Miami. Ese recorrido no lo hace cualquier artista de rap en español, y Trueno lo hizo a una edad en la que la mayoría todavía está construyendo su base local. La clave de esa expansión no fue un éxito viral único sino la acumulación: “Mamichula” con Nicki Nicole, el Latin Grammy por “Tranky Funky”, “Real Gangsta Love” que entró al Top 10 Global de Spotify, y la capacidad sostenida de llenar recintos en geografías muy distintas.

Trueno en el Antel Arena

Trueno comenzó a participar en las batallas de freestyle desde muy joven, destacando por su habilidad que en gran parte le viene de su padre, Pedro Palacios — MC Peligro — conocido por su influencia en el movimiento del rap argentino. Esa herencia familiar es parte de lo que hace que su trabajo en estudio tenga una dimensión que va más allá del hit: la música popular como cosa transmitida de generación en generación, con toda la responsabilidad que eso implica.

Trueno en el Antel Arena