Hay un detalle que define el 13 de febrero en el Mas Monumental antes de que empiece el análisis: Bad Bunny llegó a Buenos Aires en el pico más alto de su carrera y eligió abrir con una canción sobre mudarse, sobre las raíces, sobre lo que se deja atrás. “La Mudanza” no es un hit en el sentido convencional — no tiene el gancho inmediato de “Tití me preguntó” ni la carga erótica de “Yo perreo sola”. Es una canción de identidad. A las 21 en punto, acompañado por la orquesta Los Sobrinos, vestido con un traje de sonero de los setenta, Benito apareció en escena y el inicio con “La Mudanza” marcó el pulso narrativo del show desde el primer segundo: una canción que habla de raíces, de familia y de pertenencia. Esa decisión no fue casual — es la misma lógica que atraviesa DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el disco que ganó el Grammy al Mejor Álbum del Año siendo íntegramente en español, semanas antes de que este show sucediera.
El estadio estalló en un grito unificado: “Benito, Benito”. No fue solo ovación. Fue reconocimiento. El primer bloque siguió con “Callaíta” en versión salsa, “PIToRRO DE COCO” precedida por una guitarra tocando “Alfonsina y el Mar” —el guiño más argentino de la noche antes de los que vendrían— y “WELTiTA” con Chuwi. “TURiSTA”, “BAILE INoLVIDABLE” y “NUEVAYoL” completaron el arranque. Seis temas sin respiro, con una orquesta en escena que subrayaba que esto no era el trap de 2018 ni el reggaetón de 2020 — era otra propuesta, más compleja y más cargada de historia musical puertorriqueña.
La estructura del show dividió la noche en dos espacios físicos: el escenario principal y La Casita, una construcción en el campo del estadio que funcionó como zona de intimidad dentro de lo masivo. En La Casita, Bad Bunny se acercó al público y convirtió el show en una celebración íntima dentro de un estadio masivo. Desde ese espacio sonaron “VeLDÁ”, “Tití me preguntó”, “Neverita”, “Si veo a tu mamá” en remix techno, “VOY A LLeVARTE PA PR” — donde eligió a una fan del público para subir a La Casita —, “Me porto bonito”, “No me conoce” de Jhayco, “Bichiyal”, “Yo perreo sola”, “Efecto”, “Safaera” y “Diles”. Sobre el techo de La Casita cantó “MONACO”.
El momento más comentado de la primera noche no fue de ese bloque sino el que lo cerró. “Otra noche en Miami” no forma parte estable del setlist de la gira — según explicó sobre el escenario, no volvería a cantarla en otras ciudades del tour. El estadio acompañó cada verso como si se tratara de una despedida anticipada. Fue uno de los momentos más íntimos dentro de un espectáculo masivo. Después vino “CAFé CON RON” con Los Pleneros de la Cresta, y ahí llegó el cierre del bloque en La Casita: una versión de “De música ligera” de Soda Stereo en plena, tocada por Los Pleneros, con 80.000 personas cantando al unísono. El homenaje a Soda Stereo emocionó a todo el estadio en la primera noche. Es el tipo de gesto que en otro contexto podría leerse como calculado — el artista extranjero que toca el himno local para ganarse al público — pero que en este caso tenía peso real: una banda de plena puertorriqueña interpretando el tema más icónico del rock argentino en versión caribeña, en el estadio de River, es una imagen que no se fabrica sin convicción.
El show volvió al escenario principal para el cierre: “Ojitos lindos”, “La canción”, “KLOuFRENS”, “DÁKITI”, “El apagón”, “DtMF” y “EoO”. En “El apagón”, la frase “ahora todos quieren ser latinos, pero les falta sazón, batería y reggaetón” encontró en el Monumental una audiencia que abraza la tradición musical del continente. “DtMF” funcionó como síntesis conceptual del proyecto: guardar lo vivido mientras se vive.
















