Lollapalooza Argentina 2026 – Crónica del Día 3

El domingo cae lento sobre el Hipódromo de San Isidro, como si también supiera que es el final. A las cinco de la tarde el polvo ya flota en el aire: zapatillas gastadas, vasos de cerveza tibia, remeras negras pegadas al cuerpo. Tres días de festival dejan huella física. Pero también hay algo más difícil de explicar: una especie de resistencia colectiva a aceptar que esto se termina.

Desde el fondo del predio llega el bajo distante de algún set electrónico en Perry’s Stage. El golpe se siente primero en el pecho, después en el suelo. En el Samsung Stage una masa de gente empieza a agruparse frente a las torres de sonido, como si intuyeran que el último día (ese que siempre parece el más largo) también será el más imprevisible.

El domingo de Lollapalooza suele ser el día en que el festival se revela por completo: quién llegó por hype, quién por devoción, quién por simple curiosidad. Este año la mezcla es más visible que nunca. En un mismo campo conviven adolescentes esperando a Sabrina Carpenter, veteranos del rock que vinieron por Deftones, clubbers que planean quedarse hasta el último drop de Kygo.

Tres mundos que, durante unas horas, van a compartir la misma noche.

El día arranca temprano, con la tarea ingrata de abrir un festival que ya lleva dos jornadas encima. Reybruja, desde el Samsung Stage, toma ese desafío con la actitud de una banda que todavía siente que cada escenario es una conquista. El sonido es crudo, casi demasiado para la mezcla todavía fría del mediodía, pero funciona: riffs nerviosos, baterías filosas, una energía que recuerda por qué el rock argentino siempre encuentra nuevas encarnaciones.

Mientras tanto, en el Perry’s Stage, Ludmila Di Pasquale hace algo que no es tan común en los sets electrónicos tempranos: canta. Entre beats house y sintetizadores luminosos, introduce vocales en vivo que le dan humanidad al pulso mecánico de la pista.

No es todavía la multitud del prime time, pero ya se empieza a dibujar la diversidad que definirá la jornada: trap en el Flow Stage con 143leti, rock frontal con Ryan en el Alternative, electrónica emergente con Félix Vestre.

Lollapalooza siempre prometió ser un cruce de escenas. El domingo, más que promesa, es un hecho tangible.

A media tarde el Hipódromo ya es un pequeño ecosistema en movimiento. La gente se desplaza entre escenarios como corrientes migratorias.

En el Samsung Stage, Massacre demuestra algo que muchas bandas veteranas olvidan: que tocar en un festival no significa reducirse a un greatest hits automático. Walas camina el escenario con esa mezcla de ironía y fervor que siempre lo caracterizó. El set atraviesa distintas etapas de la banda y termina explotando con Diferentes Maneras, coreada con una intensidad que desmiente cualquier idea de nostalgia pasiva.

A pocos metros, Yami Safdie construye un momento completamente distinto. Rodeada de coristas femeninas, su show se siente íntimo incluso dentro de la escala gigantesca del festival. El público responde con algo parecido a la complicidad.

Lollapalooza Argentina 2026

Las sorpresas empiezan a caer una tras otra: Mora Bianchi aparece para Hay Un Cuento, luego Coti se suma para Tu Nombre, y más tarde Soledad (que había sido protagonista el día anterior) vuelve para cantar Tu Amiga.

En los festivales, los cameos suelen ser gestos rápidos. Aquí se sienten más como encuentros generacionales.

Mientras tanto, en el Alternative Stage, The Warning descarga un set de rock directo, afilado. El trío mexicano entra con S!CK y no levanta el pie del acelerador en todo el show. Si alguien todavía duda del futuro del rock hecho por bandas jóvenes, basta con ver la reacción del público frente al escenario.

El momento salvaje: Viagra Boys

Algunas presentaciones en festivales funcionan como un golpe eléctrico. El show de Viagra Boys es exactamente eso.

Desde el primer riff de Man Made of Meat, el Samsung Stage se transforma en un campo de pogo permanente. Sebastian Murphy, torso desnudo y mirada desquiciada, se mueve como si estuviera a punto de desarmar el escenario.

La banda suena más pesada que en estudio: bajos saturados, saxos que entran como cuchilladas, guitarras que raspan el aire. En Slow Learner la multitud ya está completamente entregada.

El momento más delirante llega con Waterboy. Murphy baja del escenario y canta en medio del público, rodeado de celulares que intentan capturar algo que en realidad solo funciona en vivo: la sensación de caos controlado.

Cuando atacan Sports y Punk Rock Loser, el pogo alcanza un nivel que recuerda por qué los festivales todavía necesitan momentos de descontrol físico. Hay algo casi terapéutico en ese ruido colectivo.

Alrededor de las seis de la tarde, el sol empieza a caer y el festival cambia de tono.

En el Flow Stage, Blood Orange introduce una estética completamente distinta: sofisticada, emocional, casi introspectiva. Dev Hynes abre con I WANNA C YOU, y de inmediato el ambiente se vuelve más contemplativo.

El cover de How Soon Is Now? de The Smiths aparece como una decisión inesperada pero perfecta para ese momento del día: una canción que siempre cargó con cierta melancolía urbana.

En paralelo, el Alternative Stage se llena de fans coreando cada frase del set de Ruel, mientras que en Perry’s Stage Horsegiirl, con su máscara equina y beats hiperactivos, convierte la pista en una rave improvisada.

Tres atmósferas completamente diferentes conviviendo a pocos metros.

Ese es el verdadero ADN del festival.

Con la noche ya instalada, Doechii transforma el Flow Stage en algo más cercano a un espectáculo teatral que a un simple concierto.

Rap, R&B, coreografías, actitud feroz. Todo ocurre con una velocidad que mantiene al público constantemente alerta.

Su presencia escénica es magnética. No hay pausas largas ni momentos de relleno: cada track entra con precisión, cada gesto parece pensado para una cámara invisible.

En un festival donde muchas estrellas del pop siguen apostando a la estética segura, Doechii aparece como algo más imprevisible.

Más peligroso, incluso.

Lollapalooza Argentina 2026

Si el domingo de Lollapalooza tenía que ofrecer un momento de pura intensidad sonora, Deftones se encargan de entregarlo.

Cuando suenan los primeros acordes de My Own Summer (Shove It), el campo frente al Samsung Stage se transforma instantáneamente en un mar de cuerpos empujándose.

Chino Moreno canta con una mezcla de fragilidad y agresión que sigue siendo la marca registrada de la banda. Su voz aguanta (a veces quebrándose en los bordes) pero siempre con la emoción intacta.

El punto culminante llega con Change (In the House of Flies). La guitarra entra como una nube pesada, casi hipnótica. Miles de voces acompañan el estribillo.

Durante unos minutos, el festival deja de ser un mosaico de estilos para convertirse en un solo organismo respirando al mismo ritmo.

Sabrina Carpenter: el fenómeno pop

En el Flow Stage, el contraste es absoluto.

Sabrina Carpenter aparece como una superestrella pop en pleno control de su narrativa. El show abre con Busy Woman y desde ese momento la multitud se comporta más como audiencia de estadio que de festival.

Coreografías milimétricas, visuales gigantes, cambios de vestuario rápidos. La producción está pensada para que cada canción funcione como un pequeño espectáculo.

Espresso, Feather y Nonsense provocan una reacción casi eufórica entre los fans más jóvenes.

Lollapalooza Argentina 2026

El momento más inesperado llega durante el segmento humorístico de Juno, cuando Carpenter “arresta” a María Becerra sobre el escenario. La escena funciona como un guiño pop global-local que el público celebra con gritos.

Puede que su show no tenga la crudeza visceral de otras presentaciones del día, pero sí algo igual de poderoso: una precisión pop que domina la escala del festival.

Ratones Paranoicos: historia viva

Mientras tanto, el rock argentino reclama su lugar en la noche.

Ratones Paranoicos toman el escenario con la seguridad de una banda que sabe que su repertorio ya forma parte del ADN cultural del país.

Cuando suenan Rock del Gato y Para Siempre, el Hipódromo entero se convierte en un coro desordenado. Juanse canta con la actitud despreocupada que siempre lo definió.

El momento más delirante llega cuando CA7RIEL & Paco Amoroso aparecen para Sigue girando. La mezcla generacional (rock clásico y energía urbana) funciona mejor de lo que cualquiera podría haber anticipado.

Durante unos minutos, el tiempo parece plegarse sobre sí mismo.

La madrugada encuentra al festival en su última mutación.

En el Perry’s Stage, Ben Böhmer construye un set elegante de melodic house. Las melodías se deslizan lentamente mientras miles de personas bailan con esa mezcla de cansancio y euforia que solo aparece al final de un festival largo.

Pero el cierre definitivo ocurre en el Samsung Stage.

Kygo aparece entre visuales luminosos y un mar de celulares levantados. Su tropical house puede parecer liviana para algunos puristas, pero en este contexto funciona como una despedida perfecta.

La pista frente al escenario se convierte en un último baile gigantesco.