Martha Ivelisse Pesante Rodríguez llega a Buenos Aires con un show que se llama Pride Tour y no lo hace por moda. Su conexión con la comunidad LGBTQ+ no es reciente: viene construyéndose desde sus primeros años como una de las pocas voces femeninas del reggaetón, cuando el género todavía era una escena cerrada y sin nombre establecido. Que ahora formalice esa relación con una gira específicamente dedicada a eso tiene sentido; que lo haga desde una posición de legado consolidado, también.
El show en el Gran Rex —domingo 25 de octubre, 20 horas, Av. Corrientes 857— forma parte de un tramo sudamericano que incluye Lima el 24 y Santiago el 30 en el Movistar Arena. Es decir, tres países en una semana, con Buenos Aires en el medio. La elección del Teatro Gran Rex para la fecha argentina es relevante: con su capacidad para poco más de mil personas, el formato implica una experiencia considerablemente más íntima que la de un estadio, en contraste con lo que en las últimas décadas fue creciendo en escala.
Ivy Queen viene de un momento de visibilidad que excede a su base de fans de siempre. En noviembre de 2024 se convirtió en la primera artista de reggaetón en encabezar un concierto en el Carnegie Hall de Nueva York, dentro de un ciclo de la institución dedicado a la música latina. Que una sala que durante décadas funcionó como árbitro de la cultura “legítima” haya abierto sus puertas al reggaetón, y que lo haya hecho de la mano de quien estuvo ahí desde el principio, no es un dato menor. Ese mismo año lideró el álbum colaborativo La Liga Femenina, lo que indica que la gira no llega en un período de pausa sino de actividad.
Su trayectoria arrancó en los años noventa en La Marquesina, el espacio mítico de San Juan donde se gestó buena parte del movimiento underground puertorriqueño. Desde ahí, a través del colectivo The Noise, fue construyendo una voz que combinaba potencia técnica con una postura explícita sobre el deseo femenino —algo que en el reggaetón de esa época no era exactamente bienvenido. El salto a la masividad llegó con Diva en 2003, disco que la instaló internacionalmente y del que salió “Quiero Bailar”, probablemente la canción del género que más claramente negoció los términos del deseo desde el punto de vista de quien baila y decide qué pasa después. No es solo un hit: es una toma de posición que sigue siendo relevante.
El repertorio que trae al Gran Rex incluye esos clásicos —“Que Lloren”, “Dile”, “Cuéntale”, “Te He Querido, Te He Llorado”— en un formato de sala que los favorece.











