No Te Va Gustar: canciones para un presente donde el caos ya no es metáfora

En su nuevo disco, la banda uruguaya afina una intuición incómoda: lo que antes era lírica ahora también es contexto. Entre el entusiasmo por el vivo y la mirada sobre su propio recorrido, el grupo se prepara para una gira que los encuentra todavía curiosos.

Hay algo en el aire cuando No Te Va Gustar habla de su último disco. No es solo satisfacción —que la hay— sino una especie de alivio: como si, por una vez, todo hubiera encajado sin fricciones.

Florece en el Caos, editado a comienzos de enero, llegó después de un aniversario redondo —treinta años de historia— que ya quedó archivado con la naturalidad de quien no quiere quedarse demasiado tiempo mirando por el espejo retrovisor. La conversación ocurre en ese punto: entre el festejo que ya pasó y una gira que empieza a tomar velocidad, con un Ferro casi agotado como primera parada fuerte.

“Estamos felices, orgullosos. Es un disco que nos gusta de entrada”, dice Emiliano con una genuina sonrisa en su rostro. Pero enseguida aparece el matiz: no es solo que les guste, sino que —algo poco habitual incluso para ellos— sienten que todas las canciones están a la misma altura. “No tiene baches”, resume, con esa precisión medio quirúrgica que a veces aparece cuando una banda intenta explicarse a sí misma.

La diferencia, sugiere, no está tanto en cómo se hizo el disco sino en qué eligieron dejar adentro. Diez canciones que funcionan como una fotografía bastante nítida del momento actual del grupo. Y, de paso, del mundo alrededor.

Un disco pensado para el vivo (y que lo admite sin resistencia)

Si hay una obsesión que atraviesa la charla es el vivo. No como instancia promocional, sino como validación real del material.

“Parece hecho para tocarse entero”, expresa Brancciari. Y lo dice con una mezcla de sorpresa y convicción.

No es un detalle menor. En muchos discos —incluso en los propios— siempre hay temas que funcionan mejor en la escucha íntima que sobre un escenario. Acá, aseguran, eso no pasa. Las canciones nuevas ya empezaron a convivir con los clásicos y, según ellos, “funcionan a la perfección”.

Esa prueba temprana parece haber despejado cualquier duda: el plan es tocar el álbum completo en el show del 25 de abril y dejar que el repertorio haga lo suyo. Después vendrá la gira, extensa, con escalas nuevas como París o Milán, y otras ciudades donde la banda ya comprobó que la distancia geográfica no necesariamente implica distancia emocional.

Denis Ramos Recuerda, por ejemplo, un show en Aston —lejos de cualquier circuito habitual— donde la respuesta del público fue inesperadamente intensa. “No podíamos creer que estábamos tan lejos de casa”, dice. Y, sin embargo, ahí estaban: tocando por primera vez y sintiéndose, de alguna manera, locales.

En el disco hay una colaboración con Ciro Martínez que responde a una lógica interna bastante clara: primero aparece la canción, después el nombre.

“La canción nos pide al artista”, explica Emiliano. Y en este caso, la invitación fue directa: viajar a Montevideo, meterse en el estudio y ver qué pasaba.

Lo interesante no es solo el resultado, sino el proceso. Martínez incluso modificó una palabra de la letra, apropiándose del tema con naturalidad. “Ahí se nota que es más orgánico”, dice. La alternativa —elegir primero al invitado y después buscar dónde encajarlo— queda descartada sin demasiado rodeo.

El caos como contexto (y no solo como concepto)

El título del disco no es caprichoso. Florece en el Caos funciona en varios niveles, pero hay uno que se vuelve inevitable: el de la actualidad.

“Las canciones se van acomodando cada vez más a la realidad”, según Emiliano. Y lo plantea como una especie de coincidencia incómoda. Lo que antes podía leerse como una metáfora personal hoy dialoga con un escenario más amplio.

Ese deslizamiento —de lo íntimo a lo colectivo— parece ser uno de los puntos más interesantes del disco. No porque busque explicar el presente, sino porque lo absorbe sin proponérselo.

El aniversario redondo quedó atrás sin demasiada nostalgia. “Se disfrutó muchísimo”, dice Denis, pero también admiten que ya están en otra cosa. Pasar la página, en este caso, no suena a frase hecha sino a necesidad.

En medio de un disco que habla de caos —y de un mundo que parece confirmarlo a diario— la idea de anclaje no es menor. Tampoco es grandilocuente. Es, más bien, concreta.

Y quizá por eso funciona.