En algún punto entre el Delta y la nada, donde la señal es intermitente y el tiempo se estira distinto, REI decidió que era momento de insistir con una idea que había quedado flotando: hacer algo “más popular”, una cumbia. El mensaje ya estaba enviado. Faltaba que se concretara.
Dos semanas después, BM apareció en ese camp. Un día de trabajo. Dos canciones. Una terminó siendo “A puro dolor”. La otra, un reggae que todavía espera su momento.
“Yo le había dicho que teníamos que hacer algo así, y quedó ahí… hasta que lo invité”, recuerda REI. La escena tiene algo de mito fundacional mínimo: amigos, productores cercanos, cero presión externa. “Estábamos en el medio de la nada haciendo música. Terminás un tema y querés hacer otro”, agrega.
La dinámica entre ambos no pasa tanto por el intercambio digital ni los archivos compartidos. No hay una carpeta de Drive rebalsada de ideas. Prefieren encontrarse. “Cuanto más lo hagamos en persona, mejor”, sintetiza BM.
Si la colaboración tardó en suceder, no fue por falta de ganas sino por timing. Los últimos años de ambos corrieron por carriles paralelos, con búsquedas más personales que compartidas.
“Creo que fueron años distintos. Cada uno estaba en la suya”, dice REI, que venía de un 2024 volcado al trap y de discos donde la experimentación pesaba más que la conexión externa. BM, por su parte, siguió explorando géneros con naturalidad, sin fijarse demasiado en etiquetas.
La conclusión es casi contrafáctica: si se hubieran cruzado antes, esta canción no existiría. “El año pasado no hacíamos una cumbia ni a palos. Capaz salía una balada para cortarse las venas”, bromea BM.
Hay algo en esa frase que explica bien el tono de “A puro dolor”: una canción que habla desde la tristeza, pero decide moverse igual. No se queda en el bajón; lo convierte en ritmo.
Bailar el duelo
El título podría sugerir otra cosa, pero la intención va por otro lado. No es una canción para encerrarse, sino para salir.
“Es de esos temas que estás yendo al boliche y lo ponen… y tenés que volver”, dice REI, imaginando esa escena medio caótica en la puerta, cuando alguien frena al grupo porque justo suena esa canción.
La lógica es clara: letras melancólicas sobre bases que empujan hacia adelante. Un punto intermedio entre el duelo y la pista. No negar lo que duele, pero tampoco quedarse quieto.
En contraste, el reggae que quedó guardado era más difuso, más genérico. “Era más sensual, más sexual… pero no hablaba de una historia”, explican. En cambio, “A puro dolor” sí construye una narrativa: alguien que pide volver, que extraña, que está “retriste”.
Ahí aparece una de las claves del dúo: la capacidad de escribir escenas concretas. “Tenemos ese poder de componer con historia”, dice Rei.
Hay algo interesante en cómo ambos describen su proceso: la canción no se entiende del todo cuando se termina.
“Capaz la hacés en el estudio y te gusta, pero necesitás días o semanas para entenderla”, dice BM. “Mirarla desde otra perspectiva y decir: ahora sí”.
Esa distancia también define qué temas sobreviven y cuáles no. En el camp, sin ese filtro, todo es disfrute inmediato. Después viene la segunda escucha: la propia, la del equipo, la de los amigos.
REI tiene su pequeño comité de confianza: su manager y un círculo cercano que no “caretea”. BM suma productores, familia y amigos del barrio. No todos son objetivos —y tampoco hace falta—, pero el termómetro colectivo sigue siendo importante.
Sin plan, pero con criterio
En el fondo, “A puro dolor” no parece haber nacido de una estrategia. Más bien de una coincidencia: dos artistas en el momento justo para correrse un poco de lo que venían haciendo y probar otra cosa.
“Yo ahora me estoy permitiendo hacer todo tipo de música”, dice REI. BM asiente desde un lugar más constante: moverse entre géneros siempre fue parte de su lógica.
Quizás por eso la canción funciona sin sentirse forzada. No hay un giro brusco ni una búsqueda desesperada de hit. Hay, en cambio, una decisión bastante simple: encontrarse, probar, ver qué pasa.
Y en el medio de todo eso, una frase que queda flotando como síntesis involuntaria, mitad chiste mitad advertencia:
“Dos tiros, Cupido. Portate bien”.












