“De pe a pa” nació sin demasiada épica: encuentros en casas, familia cerca y una química que no necesitó forzarse. Entre recuerdos de primeros shows y expectativas de coreo en vivo, la dupla encontró un punto medio que funciona.
Hay colaboraciones que se anuncian como eventos. Y otras que simplemente pasan. Lo de BM y Max Carra pertenece a ese segundo grupo: una unión que no estaba en los planes del público —o al menos no de forma evidente— pero que, cuando sucede, tiene sentido inmediato.
“Primero vino la idea de hacer algo juntos”, cuenta BM. Lo demás fue bastante menos estratégico: encuentros en su casa, después en la de Max, un asado con la familia y la sensación de que todo avanzaba sin fricción. “Muy orgánico todo… y nada, fluyó”.
Aunque sus universos musicales no son idénticos, hay algo que los conecta desde el origen: ambos empezaron temprano, construyendo carrera casi en simultáneo con su crecimiento personal.
Ese cruce también tiene un capítulo compartido en Uruguay, donde los dos dieron algunos de sus primeros pasos en vivo. “Fue el primer país donde hice shows”, dice BM. Max completa la escena con una postal más cruda: su debut en boliches cantando covers de Marama, cuando todavía no tenía canciones propias.
Hay algo formativo en ese tipo de experiencias: escenarios exigentes, público intenso y la necesidad de sostener la energía aunque el repertorio todavía esté en construcción.
El salvavidas (no siempre es una persona)
“De pe a pa” arranca con una imagen directa: la necesidad de un salvavidas. La pregunta aparece sola: ¿qué es eso para ellos?
BM no duda: “Mi hija. Ella es mi cable a tierra”. Max, en cambio, baja la tensión con una respuesta mucho más doméstica: “El mate”.
La diferencia no es menor, pero tampoco rompe la lógica de la canción. Más bien la amplía: el salvavidas puede ser emocional, cotidiano, incluso mínimo. Lo importante es tener algo a lo que aferrarse.
Aunque el tema ya circula —con números que lo empujan en tendencias y una buena recepción inicial— hay algo que BM prefiere postergar: cantarlo en vivo.
No por falta de ganas, sino por timing. “Quiero esperar el momento indicado… que todos lo canten”, explica.
Recuerda lo que le pasó con uno de sus temas anteriores: el día que decidió incluirlo en el show y el público lo coreó completo, hubo una especie de confirmación física, casi corporal, de que la canción había llegado.
Max tiene una anécdota similar, aunque en otro punto del proceso: una maqueta, un cover de Tu jardín con enanitos, y un boliche entero cantando algo que todavía no era oficialmente suyo. Ese primer impacto, dice, “te choquea”.
En tiempos donde la colaboración es casi una regla dentro de la música urbana, lo de BM y Max Carra se sostiene en algo bastante básico: no bloquear.
“No sirve ser egocéntrico”, dice BM. “La idea es sacar lo mejor de cada uno… y lo mejor para la canción”.
Max lo resume en clave práctica: decisiones mutuas, espacios compartidos, y una dinámica donde nadie intenta marcar demasiado la cancha.
Quizás ahí está el verdadero punto medio que encontraron: no tanto en el sonido —que también— sino en la forma de trabajar.
Mientras “De pe a pa” sigue creciendo en reproducciones y empieza a colarse en celulares ajenos —literalmente, como ese fan en Chile que le mostró el tema en pantalla a Max—, la expectativa se desplaza hacia adelante: el momento en que deje de ser solo de ellos.
BM lo dice sin rodeos, como quien ya pasó por esa sensación y quiere repetirla:
“Quiero cantarlo y que la gente lo cante a full”.










