Fede Mestre: entre el vértigo del presente y el impulso del próximo salto

Fede Mestre

En un año que lo dejó patas arriba, Fede Mestre intenta entender (sin frenarse) qué significa estar en su propio momento. Entre giras, videoclips, lágrimas fuera de cámara y un remix que trepó listas inesperadas, el joven artista empieza a trazar su voz en un mapa que cambia cada semana.

Nos encontramos con Fede Mestre después de un 2024 que le exigió más de lo que él mismo estaba dispuesto a admitir. El cantautor bonaerense, uno de los nombres emergentes que dejó su marca en el certamen televisivo más visto del país, acaba de lanzar “La estrategia”, su interpretación que dio inicio a toda esta aventura. Entre saludos tímidos, risas sueltas y un dejo de incredulidad, Mestre navega la transición de participante televisivo a artista con agenda, gira y videoclips. Y lo hace con la honestidad desarmada de alguien que todavía no se acostumbra a verse en las listas.

“Este año fue muy loco, un montón de información para mi cabeza”, admite. Y no lo dice como queja: más bien como quien intenta acomodar fichas que siguen cayendo del cielo. El lanzamiento de “La estrategia” parece haberle dado una especie de eje, un punto de partida simbólico después del torbellino del certamen. “Me pone muy feliz cómo lo recibe la gente; que lo escuchen, que lo compartan”.

Pero hay algo más en ese gesto de volver a esa canción: es un recordatorio de dónde salió todo. Y quizá también un modo de tomar el control de una historia que, por momentos, avanzó demasiado rápido incluso para él.

En el videoclip de “La estrategia”, grabado en San Juan, Mestre aparece en paisajes que parecen demasiado amplios para lo que él todavía cree que ocupa. Fue su primera vez en la provincia, pero también su primer videoclip y su primer fin de semana girando por boliches. “Metimos vivo y grabamos”, cuenta, con el entusiasmo intacto. Y aunque intenta sonar casual, se le nota que fue un hito personal. “Muy lindo todo… conocer paisajes nuevos, mis primeros shows, mi primer video”.

Hay artistas que construyen mitologías alrededor de sus inicios. Mestre todavía está en la etapa en la que esos inicios simplemente pasan, y recién después entiende la magnitud.

Si hay algo que lo marcó este año, fue pararse en Vélez. Sin avisos, sin digestión previa. “Cuando nos lo dijeron en el programa, nos miramos como diciendo: ¿vos me estás hablando en serio?”. El recuerdo todavía le sacude algo. “Me puse a llorar. Para mí fue un montonazo… pero no me gustaba llorar frente a la cámara, entonces me daba vuelta”.

Mestre se reconoce emocional sin anestesia. No lo disimula. “Soy muy transparente: feliz, enojado o triste, no lo puedo ocultar”. Y es quizá ahí donde el show en vivo cobra otro significado: un espacio donde esa vulnerabilidad se vuelve potencia.

Su colaboración en el remix de “La estrategia” junto a The La Planta y Desakata2 explotó de un modo que aún no termina de dimensionar. “Yo tampoco lo creía… decía ‘videos musicales más vistos’: la BZRP de Daddy Yankee y abajo La estrategia… y yo ahí”. No lo dice con falsa modestia, sino con una mezcla genuina de risa y desconcierto. “No sé si voy ahí todavía, pero bueno… aparecí”.

El vértigo de las visualizaciones no lo enloquece; más bien lo deja mirando la pantalla con cejas levantadas, como quien recibe un upgrade inesperado en un videojuego que recién está aprendiendo a jugar.

Entre tanta sorpresa, algo sí tiene claro: lo que viene está a punto de salir del horno. “Se viene un cuartetito dentro de poco… colaboración con un referente del género muy conocido”, adelanta, esquivando nombres como si fueran prohibidos por contrato. “Falta muy poquito, para el próximo mes”.

Aunque viene de la balada romántica, el verano lo empuja hacia el ritmo popular. Una concesión feliz al clima del país y al pulso de su público. No intenta construir una identidad musical coherente. Prefiere dejar que sus gustos hablen por él: diversos, impulsivos, cambiantes.

Mientras se despide, deja una frase que resume su presente en clave simple: “Voy viviendo el momento y las cosas están sucediendo”. No suena a resignación ni a pasividad, sino a alguien que aprendió (a la fuerza) que a veces la mejor estrategia es dejar que la ola avance y subirse sin pensar demasiado.